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Escrito por : Mauricio Arévalo Arbeláez

 Tino Fernández, director de la obra "Diario de una crucifixión", habló con nuestro director artífice sobre el montaje que se presentará en La Factoría L'Explose.

 

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Cuéntenos sobre Diario de una crucifixión.


Es un unipersonal para un bailarín. Es una obra que está inspirada en el retrato de Inocencio X de Diego Velázquez y, a su vez, en Francis Bacon, el pintor, quien va a morir a Madrid obsesionado por este cuadro de Velázquez. Él hace todo un trabajo sobre ese cuadro. En realidad, Diario de una crucifixión es una reflexión sobre el cuerpo en la religión.

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¿Cómo prepararon ese diálogo entre estas obras y el montaje?

 
Lo primero fue escoger al bailarín: Ángel Ávila ha trabajado con la compañía casi quince años y, cuando montamos esto, era seguro que tenía que ser él. Después, hicimos toda una investigación sobre el trabajo de Francis Bacon, que hizo a su vez una sobre el cuadro de Velázquez. Claro, Velázquez es un punto de partida, es cierto, pero es un trabajo más a profundidad sobre los cuerpos retorcidos, sobre los cuerpos en sufrimiento, sobre los cuerpos en dolor, pero que al mismo tiempo tienen una gran muestra de placer. Francis Bacon encierra a este Papa en una jaula e, investigando sobre estos trazos que hace sobre el Papa, encontramos que se inspira en el primer nazi que atrapan en Argentina y que se llevan a Israel a juzgarlo; para que no lo linchen, lo encierran en una urna de cristal. Para este solo decidimos, entonces, encerrar a nuestro bailarín en una urna de cristal, en un espacio extremadamente reducido: tres metros de profundo por un metro con cincuenta.


En esa expresión del dolor del cuerpo, ¿hay algo también de erotismo o de libertad?


¡Mucho! Yo creo que los polos se tocan. El dolor y el placer son más cercanos de lo que uno se puede imaginar. Mientras trabajábamos con el bailarín, incluso, él me comentaba que había algo de masoquismo. Es que él está ahí encerrado durante una hora, golpeando el cuerpo, retorciéndose... ¡hay que tener algo de placer en el dolor para disfrutar todo eso!

Inocencio X de Francis Bacon
 

 

¿Cómo abordó al tema de lo eclesiástico? ¿Cómo llegó a eso?

 
La obra habla sobre la culpa, que nos incumbe a todos. Ese tipo de culpa cuyo origen y razones desconocemos. La obra quiere poner al espectador como juez y parte: la idea, un poco, es juzgar a esta persona que se encierra en esta urna. Esa persona que se encierra para exponer su cuerpo, para exponerse hasta el sudor. Mi visión es que la religión nos hace encerrarnos: nos pone fronteras, en vez de dejarnos ser libres; nos reduce, como se reduce el bailarín a esos cuatro metros cuadrados. La obra no pretende tomar un partido, sino plantear una reflexión sobre ese sentimiento de culpa con el que venimos al mundo.


¿Cómo trabaja con los códigos del cuerpo?


Eso es un trabajo de investigación que se lleva a cabo durante tres meses, encerrados en el estudio con la dramaturga y el bailarín, en el que vamos abordando cada parte del solo, desde distintos ángulos. Por ejemplo, hay una parte en la que trabajamos el nacimiento, la brutalidad de llegar a este mundo, la violencia con la que llegamos. Vamos tomando muchas imágenes, partes de la Biblia, de las pinturas de Bacon... ahí, poco a poco, va saliendo todo el trabajo físico del bailarín. De hecho, hay una idea ahí muy interesante: el baile es libertad, el baile necesita libertad para ejecutar todos los movimientos. El hecho de castrar al bailarín, de encerrarlo en la jaula, es ya una violencia que aparece por sí sola.


Respecto a la música, ¿cómo fue esa curaduría?


Partimos de dos piezas: una de Mozart y una de Vivaldi. Es un paisaje sonoro que comulga con otro gran compositor que se llama Camilo Giraldo, con quien ya hemos trabajado antes. Fuimos construyendo más sobre los movimientos que se iban creando sobre las partituras, que metiendo una partitura musical en el movimiento. Hay una parte sonora muy importante que trabajamos con micrófonos que están metidos en la urna y que amplifican, no solo la voz y la respiración del bailarín, sino también los golpes: esos golpes contra el cristal y contra la madera que serán amplificados y distorsionados.

 

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Diario de una crucifixión
se presentará del 16 al 18 de julio en La Factoría L'Explose (Carrera 25 # 50-34). En agosto se presentará en Tel Aviv, después de haber estado en París, Madrid y Corea.   

@marevalo53
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