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Escrito por : Luisa Fernanda Ramírez Naranjo

 Una enviada especial de revista Artificio nos cuenta por qué le gusta tanto el festival de cine BAFICI.

 

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El término independiente en el cine cada vez es más popular. En la televisión y los eventos audiovisuales aparece la palabra indie como si se tratara de un aderezo que le da un toque chic a los productos. Dada la creciente moda de lo indie resulta pertinente dialogar acerca de tres características que determinan la independencia en el cine. Cada uno de estos rasgos puede encontrarse individualmente en muchas películas, pero cuando se juntan, no hay duda de que estamos frente a una obra de carácter independiente.


El primer rasgo está en la producción. Se trata de obras hechas bajo el cobijo de un equipo de personas usualmente pequeño, que no está previamente inscrito en circuitos comerciales, ni busca hacer una gran empresa con su cine, porque su interés principal radica en el cine mismo y no en negociar productos. No quiere decir que este cine no pueda ser un tipo de negocio, pero no suele ser su principal motivación. Dicha dimensión ubica al cine independiente, en la mayoría de los casos, fuera de la parrilla de salas de cine multiplex. Así que su lugar natural de exhibición son los festivales y cineclubes.


Una segunda característica es lo arriesgado de sus historias. Ya que el germen creativo no surge de la pregunta por lo que se vende, las historias suelen obedecer a procesos vitales de experiencias y reflexiones propias del director o el guionista y, por lo tanto, calar en el plan de fin de semana del público les resulta más difícil que a las películas con estudios de mercadeo previo o historias recicladas. Cuando encuentran su público, sin embargo, suele ser bastante fiel.


Ya que no parte de fórmulas, un tercer rasgo de este cine es que le incomodan los métodos tradicionales de narración y estética: el lenguaje visual no tiene que ser limpio, el narrativo no tiene que ser evidente y, por supuesto, la película no tiene que ser entretenida. Es un cine que procura la subversión de las “reglas” de géneros y narrativas como una manera de obligar al cine, los cineastas, las historias y los métodos a crecer y renovarse.


Entonces, un cine que no llega a salas, que no encuentra fácilmente su público y que no se acomoda a las reglas, parece ser el camino menos saludable mentalmente para un realizador audiovisual; pero, pese a esta naturaleza intrincada, es gracias al cine independiente que el cine no ha muerto. El cine independiente oxigena el cansado aliento del cine tradicional. Es un tipo de cine que ha conservado la libertad para hablar sobre temas en algunos casos innombrables de maneras no convencionales y muchas veces hasta excéntricas. Un cine de pocas concesiones y que cuando es bueno tiene mucho que decir. Pero en el mar de opciones audiovisuales que nos acechan no es fácil distinguir el cine independiente más valioso, por eso los festivales especializados son un referente para acceder a lo mejor de este cine.

 
Uno de los festivales más destacados por su vocación con el cine independiente es el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires BAFICI, que se celebra desde hace 17 años en la capital porteña durante el mes de abril. Gracias a los criterios de sus curadores, críticos y académicos, este año, bajo la dirección de Marcelo Panozzo y los programadores Leandro Listorti, Violeta Bava, Javier Porta Fouz, Juan Manuel Domínguez y Fran Gayo, se ha convertido en un gran filtro para identificar las películas más audaces y significativas que se producen a nivel internacional en el contexto del cine independiente.

 
Lejos de ser una fiesta dedicada a la farándula que gravita alrededor del cine, en este festival lo más importante son las películas. Sin alfombras rojas, sin luces, ni flashes, las cintas pueden brillar con todos sus méritos y el público puede encontrarse con ellas sin tantos obstáculos. Para entender la monumentalidad de este festival vale la pena acudir a las cifras oficiales arrojadas para este año: se proyectaron un total de 412 películas en diez días, provenientes de 37 países diferentes y asistieron 380.000 personas.

 

Court

  

Court

 

 

La película ganadora de la competencia internacional fue Court, ópera prima de Chaitanya Tamhane (India, 2014). Narra el juicio en la corte del poeta, músico, profesor y activista político Narayan Kamble, acusado de provocar el suicidio de un hombre que trabajaba limpiando alcantarillas. A través de la vida cotidiana del abogado, el fiscal y el juez, la película nos permite componer un paisaje de contrastes en un país cuyo sistema judicial no camina de la mano con las desigualdades que lo aquejan. Court pone al descubierto lo absurdo y paquidérmico de los modelos de justicia importados del antiguo imperio británico, la castración del sentido crítico ante el funcionamiento del Estado y el fundamentalismo religioso que aún influencia la toma de decisiones en muchos países.

 

 

La princesa de Francia

  

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Por su parte, la película ganadora de la competencia argentina fue La princesa de Francia de Matías Piñeiro (Argentina, 2014). Es la historia de Víctor quien, a su regreso de México tiene el proyecto de realizar una radionovela adaptando una obra de Shakespeare, Trabajos de amor perdidos, con un grupo de teatro compuesto por cinco mujeres con quienes ha tenido algún tipo de relación sentimental. La película y la radionovela se desarrollan de manera simultánea y una es el eco de la otra. Como si se tratara de un objeto de deseo que va de mano en mano, Víctor y la narración misma pasan por cada mujer para construir una historia coral.

 

La película usa dos metáforas para hablar de la circulación del deseo, si se quiere de universos opuestos: el fútbol y una pintura de Bouguereau, Ninfas y sátiros. Al inicio, vemos un plano secuencia cenital de un partido de fútbol femenino mientras suena una sinfonía de Schumann, el objeto de deseo que se persigue como a un balón. Tras finalizar esta escena vemos el cuadro de Bourguereau en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires, en el que las ninfas rodean y acosan al sátiro. Ambas metáforas, sumadas a la reiteración de frases, de situaciones que se repiten como un ensayo teatral y diálogos veloces que la impregnan de ritmo, hacen de esta comedia con tintes clásicos un fresco sobre el deseo y nuestro perpetuo movimiento hacia él.


La princesa de Francia es la tercera obra de Piñeiro, después de Rosalinda y Viola, en la que explora los personajes femeninos en la obra Shakespeare. Tras este tríptico, Piñeiro se ubica en el panorama mundial como una voz contundente de la tercera camada del Nuevo Cine Argentino.

 

Dentro de esta misma categoría vale la pena mencionar a Idilio de Nicolás Aponte Aragón Gutter (Argentina, 2014), otra comedia romántica con un final que deja un sabor a cinismo. Vemos cómo se desarrolla una típica historia de amor contada como un monólogo a blanco negro, acompañada de canciones de despecho del mundo del rock y fundidos a negro. Una película ingeniosa y sin miedo que nos hace reír de nosotros mismos. Mereció la mención especial del jurado en la Competencia Oficial Argentina.

 

 

Cartas a Max

  

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La competencia de Vanguardia y Género es una categoría extraña en la que se mezclan películas muy atrevidas y, a su vez, algunas que se enmarcan en los géneros clásicos. Son películas que pueden provocar desde admiración hasta fastidio. En esta categoría cualquier cosa puede pasar. De este cajón mix, salió laureada la película Letters to Max de Eric Baudelaire (Francia, 2014). Se trata de un film ensayo sobre el diálogo, que sostienen por medio de cartas, el realizador y el viceministro de Relaciones Exteriores de un país nuevo llamado Abjasia. Solo apoyado en imágenes del nuevo país y las cartas, Baudelaire logra reflexionar sobre temas tan abstractos como la nacionalidad y las fronteras.

 

 

En esta misma categoría, la ganadora a mejor corto fue World of Tomorrow de Don Hertzfeldt (EE UU, 2015) una animación en dos dimensiones con personajes hechos con bolas y palos, que perfectamente pudieron haber sido dibujados por niños de diez años. El corto cuenta la historia de Emily, una niña que se encuentra con un clon suyo de tercera generación que viene de un futuro situado 227 años adelante. El clon le cuenta a Emily cómo será el mundo del futuro, una gran nube informática donde se almacenarán los recuerdos de la humanidad, mientras la vida está a punto de desaparecer. Este corto constituye una pieza de ciencia ficción que nos mueve entre preguntas con desazón existencial y momentos de humor negro y mordaz respecto a nuestra condición como seres humanos. También recibió el premio a mejor corto en el festival de cine de Sundance en 2014 y puede ser visto en vimeo por un precio accesible.

Entre otras razones, lo que hace a estas películas independientes es, en el caso de Court, hablar de un personaje que encara la injusticia desde un formato que subvierte las reglas del thriller judicial por medio de un uso de cámara y estéticas que se complementan y permiten lecturas polisémicas de los contenidos narrativos. La princesa de Francia por su parte, nace de un diálogo con las formas de la comedia en Shakespeare y se mueve entre lo popular y lo culto sin perder nunca la elegancia y el sentido. Además su sistema de producción, trilogía shakespeareana, hace que una película se hermane con la otra también desde lo presupuestal. Cartas a Max es un ejemplo de los alcances que el cine tiene como texto, como zona de encuentros, profundas reflexiones y formas elaboradas de la representación del pensamiento. Estas películas y este festival son muestras fehacientes de la vitalidad y entusiasmo que se respira en el cine independiente en el mundo.


Otras muestras

 
Mientras que las competencias oficiales de la selección Internacional, Argentina y de Vanguardia y Género, reúnen operas primas o segundas obras, la sección Panorama dejó ver las últimas obras de grandes del cine mundial como Bruno Dumont, Patricio Guzman, Jafar Panahi, Joshua Openheimer, Walter Salles, Mark Cousins, Harun Farocki y Asia Argento, entre otros.

 
A pesar de lo grande de sus proporciones, BAFICI se mantiene en el marco de lo independiente, sin concesiones con la frivolidad de la farándula que suele acompañar los eventos cinematográficos. Por la calidad de su programación y el protagonismo que tienen el cine y los cinéfilos, esta fiesta nos reitera cada año que es el evento de cine más audaz y empoderado de Latinoamérica.

Para ver algunas de las películas que han pasado por este festival en versiones anteriores visite este enlace. 

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Luisa Fernanda Ramírez Naranjo es cinéfila, festivalera y periodista cultural. Profesional en Filosofía y Letras, especialista en Televisión, está interesada en la investigación y creación de contenidos de cine, televisión y nuevos medios. 

 

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Valiente, perspicaz y muy completo artículo, que se atreve a sentar una postura personal para esclarecernos el confuso y ambiguo concepto de lo independiente en el cine.

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