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Escrito por : Mauricio Arévalo y Juan Camilo Roa

  Revista Artificio habló con Víctor Gaviria, el director colombiano, sobre su más reciente película, "La mujer del animal", en la que Amparo, una joven mujer que se ha escapado de un convento y se va a vivir con su hermana a una comuna de Medellín, cae en garras de un hombre, una maldición, un concepto, una violencia.

 

Gaviriaportada

 Víctor Gaviria por Mauricio Arévalo A.

 

¿Cómo son tus procesos de casting y dirección de actores naturales?


Yo los busco, en el casting, en lugares de exclusión, lugares muy afines al universo de la película. Los busco en los barrios populares de Medellín y busco personas que han vivido cosas muy parecidas a las que cuenta la historia. En este caso, empecé con unas referencias de unas mujeres líderes que me invitaron allí, a los barrios. Un día me encontré en el concejo de Medellín, en un homenaje a la suegra mía, una mujer que ha trabajado mucho por la autonomía de las mujeres, a un grupo de lideresas de barrios populares, y entonces fui a donde estas señoras que me tenían ya grupos de 150 personas, entre hombres, mujeres, niños, jóvenes. Entonces voy y les cuento la historia de La Mujer del Animal y les digo: "Voy a hacer una película sobre la mujer del animal. Le ocurrió esto y aquello a una señora". Como es una historia tan enfocada y tan concreta, yo les digo a las mujeres que hayan tenido una historia parecida, o que hayan conocido a un animal bien sea porque lo hayan vivido o porque lo hayan visto suceder en la vida de una vecina, un familiar, que me dejen conocer sus historias. No hago pruebas de actuación. Primero conozco las historias: ahí se quedan unas 40 mujeres, de diversas edades.


Yo no estoy buscando solo los actores sino también busco un contexto. Siempre hago el trabajo de estar al mismo tiempo en el contexto colectivo, buscando historias paralelas a las del animal, y buscando a los actores también, por supuesto. Voy dos o tres veces a cada lugar. Hicimos más de 1700 entrevistas, a veces de 10 minutos, a veces de dos horas. Ahí busco al 'animal' como contexto y también a los actores, que para mí son narradores, que me hablan de una cosa vivida por ellos de una manera muy vivaz, que me deja atrapado. Hago una selección de esas narradoras y esos narradores, y luego los cito.


Esta historia ocurre en un barrio de invasión que es todavía muy rural, de una atmósfera campesina: hay todavía vacas, matas de plátano, cafetales, potreros. ¡Imagínense en el 75 cómo sería eso! Busqué fotos de los archivos de El Colombiano, y encontré fotos interesantísimas de la vida en estos barrios.


El segundo paso con estos narradores es improvisar: agarro un detalle de esa historia y los pongo a improvisar, y cuando encuentro esa capacidad de improvisación, ya esos son los candidatos más cercanos al personaje. El actor natural es una persona que improvisa.


¿Entonces cómo preparas y trabajas el guión de la película?

 
Cojo los momentos y los voy tejiendo, los voy sumando a la experiencia de los narradores. Yo tenía la historia de Margarita Gómez, yo a ella la investigué: qué había pasado, cómo ella cayó en esa trampa que le puso el animal, cómo nadie la ayudó, cómo no se salió de esa trampa. Y encuentro gente que coincide en parte con esa historia. Por ejemplo, para el animal, fui encontrando gente que trabaja en bacrim, o que han estado en combos que están fuera de la ley en una actitud de guerra, como el animal. Entonces yo hablo con ellos y cuentan historias que han vivido, muy parecidas a las del animal.


¿Cómo llegó la historia de Margarita a tu vida?


Estábamos investigando para una película que íbamos a hacer basada en un libro de Fabio Restrepo que se llama Verdugo de verdugos. En ese proceso nos pareció tan espeluznante que decidimos no hacerla. Fabio se acercó para convencernos de que lo que hizo su hermano era algo bueno y, de repente, nos presenta a la mujer del animal, a Margarita Ella nos dice: “Mi marido era un matón, un violador, un drogadicto”, y nos cuenta su historia de cómo cayó en las garras del animal. Ahí abortó el proyecto de Verdugo de verdugos y retomamos su historia.


Transcribí su historia a partir del video y decidí que esa era la historia que quería hacer. Es una historia muy triste, no solamente por lo que pasó, sino porque nadie le creía que eso había pasado. Me di cuenta de que ella era la representante de muchas mujeres. Hice el recorrido de todas las mujeres que pasaron por situaciones similares, y ella se volvió la narradora principal. Desentrañamos entonces toda su historia: desde su infancia, cómo creció, cómo eran sus hermanas, descubrimos que su papá era un animal también: mató a la mamá, la empujó contra una mesa de carnicería por celos y nunca se volvió a levantar. Ellas crecieron huérfanas, ella termina en un internado, se vuela y, luego, en un barrio de invasión termina cayendo en las garras del animal.


¿”El animal” deja de ser esta persona en concreto y se vuelve una categoría, un concepto? ¿Qué es “el animal”?

 
Al comienzo, el animal es el alias de este man que se la roba, Libardo. Pero luego este alias contamina el relato en un sentido mitológico, que va más allá de lo psicológico. El solo hecho de que se llamara “el animal” impregnaba la historia de una vaina mitológica.


Cuando yo empecé a entrevistar las primeras mujeres, fui a un lugar por allá que se llamaba Los mangos. De entrada conozco muchos tipos de experiencias, pero fueron fundamentales dos mujeres que caen en garras de un "abuelito", o de un "padrino"; y ellas hablan de esos personajes como el monstruo o como la bestia, o como el animal, entonces yo llegué a la conclusión de que todas las mujeres tienen a la sombra un animal.


Por eso la película se llama el animal, por que el animal existe de verdad: es esa entidad que aparece de pronto en un barrio o en una familia, y que empezó a aparecer por todas partes. Cuando estábamos rodando, a veces un extra se echaba a llorar y le preguntábamos: "¿Pero qué te pasó?". "No, es que mi papá es ese animal". O una señora llevaba a una niña para el casting, y al oír la historia, se acercaba a decirnos: "Es que a mí me pasó eso". Empezaron a aparecer animales por todos lados de una manera impresionante: el novio de una pelada muy bella, el esposo que de pronto empezaba con unos celos impresionantes y comenzaba a comportarse con un maltrato creciente y de todo tipo, el que las vigila, el que las aísla, el que nos las deja conversar con nadie, el que las separa de sus papás, de sus familias, hasta encerrarlas, hasta hacerlas aguantar hambre, pegarles, tratar de matarlas...


Empiezo a ver ese machismo que, creemos, es "superficial", pero debajo de eso hay una indiferencia absoluta por el valor de la mujer y una posibilidad en cualquier momento de ir hasta el fondo de la humillación y del abuso de una mujer. ¡Es que empecé a descubrir el concepto de las “vacas muertas”, o sea, a todos estos muchachos que en algún momento estuvieron haciendo fila para violar a una muchacha que conocían en el barrio! Es un mal brutal, un mal que no es psicológico, sino que es cultural, y es profundamente fuerte porque es el germen de todas las violencias.


Con una trayectoria tan larga y con unas miradas tan específicas sobre nuestra realidad, ¿cómo es retratar esa Colombia hoy? ¿Cómo ha sido retratarla durante estos años? ¿Hay algo en Colombia como una violencia natural?

 
Desde que hice Rodrigo D., yo lo que he visto es un un país de una profunda exclusión, donde se le ha obligado a muchísima gente a perder todo, a vivir unas experiencias de venirse a la ciudad sin nada y empezar la vida desde cero, a perder todas las costumbres anteriores, a estar sometidos a una avalancha de pobreza en donde se desaparecen las costumbres más mínimas de tener dónde dormir o dónde comer, o comer en familia... o sea es un país castigado, castigado desde la muerte de Gaitán.

 

 Gaviriabanner

 

 

Cuando yo hago Rodrigo D., la exclusión se manifiesta toda; la violencia nace, no de nada genético, sino de una tremenda exclusión. La violencia es una respuesta a una exclusión, las violencias son una resistencia y una sobrevivencia que en el fondo son unas condiciones clandestinas e ilegales, y es una cosa que se ha perpetuado en el tiempo y se ha extendido con varios capítulos y episodios, que además no nos han escandalizado porque ha tenido por encima el conflicto político; y ese conflicto político ha absorbido todas las preguntas, todos los intereses y todos los cuestionamientos, y nos ha hecho equivocarnos. Ahora que desaparezca esa guerra entre el capitalismo y el comunismo, que es la guerra que hemos vivido durante décadas, vamos a correr ese velo o esa cortina que estaba cubriendo todo… y vamos a encontrar realmente esto. Colombia tiene que decidir si es un país que va a darle a todas estas personas una salida de esta exclusión, si realmente van a ser recibidos todos en la sociedad.

Víctor Gaviria
Fotografías de Mauricio Arévalo A  
 

 

 Si la exclusión es el germen de la violencia y la exclusión no selecciona género, afecta a hombres y mujeres por igual, ¿por qué será que el hombre reacciona a la exclusión de manera más violenta que la mujer?


La violencia de género es propiciada por la exclusión, pero tiene una lógica independiente de la exclusión. La exclusión ha convertido a la gente como en un gran Animal; el gran Animal es la situación social que ha arrojado a todo el mundo a unas condiciones y a un experimento social de una enorme crueldad. Entonces hay un momento en el que ese vacío de poder de todo el mundo, donde nadie tiene poder de nada, ni poder de calmar el hambre, de ayudar a tu hijo, la única manera que tiene la gente es a través del mal y del abuso, de la violencia. Hay unas personas que se apropian de ese poder, que es una metáfora de la ausencia de poder de todo el mundo, pero en estos espacios hay unos tipos que de alguna manera no han renunciado al poder y solo lo toman disponiendo de las cosas sagradas de los demás, que son la libertad, la dignidad y la vida.

 
En ese sentido ¿qué papel, si se cumple alguno, cumplen tus películas en este experimento de sociedad colombiana?


Mostrarlo, denunciar que más allá de la responsabilidad de la gente, hay personas que han sido obligadas a vivir así. Porque casi todo el mundo tiene una experiencia de abandono como forma de entrar al mundo, y ese abandono es una entrada a la exclusión, y la única forma de vivir que queda es a través de esa economías clandestinas, donde el capital precisamente es ese que utiliza el animal.
Mis películas no se alimentan de lo que yo sé, sino que están directamente narradas por esos actores, que nos están diciendo, antes que la literatura: "Yo viví esto".


En este mundo no se puede señalar a nadie: uno llega a la conclusión de que el gran ladrón y el gran asesino es el sistema. Cuando la gente narra lo que ha vivido, lo narra desde lo cotidiano. Ese es el cine que hay que hallar, donde lo cotidiano está en primer plano; no como hace siempre la televisión, que muestra cuál es bueno y cuál es malo.
  


¿Para estos actores naturales, que de alguna manera han vivido el papel que representan, qué valor ha tenido hacer esta película?


Tiene varios momentos. Primero, es una exposición de ellos, donde encuentran un lugar tranquilo para mostrar lo que son, sin ser señalados, ni culpados, ni judicializados, ni encarcelados... están en un lugar donde las personas los escuchan, en el juego de hacer una película. Después, en el momento en que la película se expone ante la ciudad, ante la opinión pública, esas voces se escuchan. La película entonces se convierte en lo que debe ser este cine: ese diálogo entre dos ciudades, entre los que están en las butacas, viviendo una vida cómoda, y los que están en la pantalla, mostrando el punto de vista distinto. Y en las muestras ocurre un segundo diálogo, cuando se presentan los actores, cuando los actores salen y dicen: "Miren, somos nosotros y nosotros somos así". La gente sensible recibe ese diálogo, aunque sea momentáneo, y los transforma, los alarma, ante las otras voces, ante la idea de que no te puedes quedar sólo sentado... Cuando los actores ven la película por primera vez (porque nunca han sabido en el rodaje de qué se trata la película, nunca la han visto completa) ellos dicen: "¡Uy! ¿Esa es la película?" Y entonces se reconocen a sí mismos, se ven en el sistema: "¡Jueputa! ¡Cuánto hemos abusado de las mujeres! ¡Esto es grave!". Este tercer momento es de conciencia.

 



 
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