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Escrito por : Mauricio Arévalo Arbeláez

 Después de estrenarse como youtuber, Daniel Samper Ospina escritor y columnista de la revista Semana, se lanza a las tablas con su comedia “Mi puta obra”. Nos reunimos con él para hablar de periodismo, política y teatro, y para reírnos, por supuesto, hasta de él mismo.

 

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 Daniel Samper Ospina por Carlos Corzo

 

Empecemos por esta idea de mutar los lenguajes del periodismo: pasar de la columna escrita, a ser youtuber; de ser youtuber a estar frente a un público haciendo comedia política… ¿qué está pasando con el periodismo?


Yo creo que el periodismo tiene una gran oportunidad para entenderse como un contenido que puede ser capaz de caber en diversos formatos, como una sustancia que debe ser capaz de vivir en diferentes frascos. Es verdad que el periodismo puede estar en crisis en la medida que haya ciertos formatos que lo están por culpa de la revolución digital, pero creo que nunca ha sido tan necesario el contenido periodístico, propiamente hablando de él. Lo que yo he tratado de hacer, por lo menos con la sátira política, que es el rol periodístico que suelo ocupar, ha sido ese: encontrar nuevos formatos sin cambiar de substancia, es decir, tratar de expresar esa misma sátira en formatos diferentes.

 
No cambia la sustancia, pero sí cambia la forma: ¿cómo ha sido esa experiencia de transitar entre los distintos lenguajes?


Es muy raro, pero es muy chévere. Lo he disfrutado mucho, y creo además que cada formato refresca al mismo tiempo el contenido; es decir el continente, en todo caso, determina un poco el contenido, y eso hace que uno se obligue a refrescar su propia sátira. En el canal de YouTube, por ejemplo, es fundamental alinear el tema político, claro, con las parodias a los youtubers, entonces siempre tengo que tener una especie de referencia a la cual termino imitando torpemente… y también, hablar del asunto de tener 40 años. Digamos que esos nuevos puntos que me obligo a condensar dentro del canal hacen que de alguna manera la sátira política tenga que cambiar, no repetirse literalmente a como la expreso en la columna, oxigenarse un poco.


¿Esto de ser youtuber empezó en serio o empezó como una broma? Ese primer video…


La verdad yo tenía desde hace tiempo la inquietud de descubrir qué seguía en esta era digital y cómo pueden seguir viviendo los contenidos y el periodismo. Yo había renunciado a la revista Soho para montar la productora de Semana, que es una productora de exploración, de búsqueda de ideas. La inquietud la tenía, pero evidentemente el relumbrón sucedió cuando vi lo de Germán Garmendia en la Feria del Libro, y pensé que un buen pretexto para montarse en ese formato, sin verme forzado, sin verme con un cambio tan súbito, era ese: el de parodiar. Ahí arranqué y me fui quedando y lo fui transformando a mi manera, y cada vez iré sintonizando más algunos asuntos: reduciendo el payaseo, por ejemplo. Quiero apropiarme de un canal, pero sobre todo de un formato: la estética de estos videos artesanales de bajo costo de internet, que son los formatos de hoy y que son fundamentales para propagar las ideas periodísticas que uno tenga.

 

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Daniel Samper Ospina y Mauricio Arévalo conversan. Fotografía de Carlos Corzo 

 

¿Qué tanto de esa parodia es también parodia de sí mismo?


Pues mucha, sobre todo porque ese formato de YouTube es, primero, muy autorreferencial, que eso es diferente a lo que yo hacía en la columna. En la columna uno se sienta y escribe, pero, salvo escribir en primera persona, evidentemente uno no se pone en riesgo ni aparece de forma tan directa. Aquí sí: en los videos el personaje central tiene que ser uno, y la única manera de lograrlo, sin quedar como un idiota, es burlándose de uno mismo, que, por lo demás, es la licencia principal que tiene cualquier humorista para después burlarse de los demás. Creo que, de alguna manera, esos videos me han servido a mí también para atacar mi propio ego, para tratar de ridiculizarme y de entender que uno al final tampoco debe tener poses adustas y creerse tan importante.


¿Ha habido reticencias, de pronto, con estos nuevos formatos? ¿Algún juicio de que “eso no es periodismo”?


No las he sentido. Al revés, creo que he logrado conectarme con una audiencia que se puede multiplicar por tres o por cuatro con respecto a la que tradicionalmente podía tener, y sobre todo con una audiencia mucho más joven que no sé si hubiera llegado de manera natural a la columna de Semana. Entonces, si hay críticas o no… supongo que las habrá, pero realmente lo que he ganado en alcance es impresionante con respecto a lo que uno podía tener dentro del periodismo tradicional.

  
¿Y cómo llegas al Teatro Nacional con Mi puta obra?


Nicolás Montero
y Ana Marta de Pizarro me contactan con la idea de hacer algo, un formato de opinión, en el teatro. Yo solía dar una conferencia, que era un poco mis memorias como escritor de sátiras, y, como en esos días yo tenía que dar esa conferencia, los invité para que ellos medio miraran la cosa. Ahí le vieron posibilidades, aunque obviamente, había que transformarla, crecerla, profesionalizarla, reescribir muchas cosas. Sí, había un formato por explorar, más parecido a una conferencia que a una obra de teatro, naturalmente, lo cual era clave para mí para no sentirme incómodo en una cosa tan difícil como es hacer teatro. Bajo el entendido de que no me supusiera una impostura muy violenta frente a lo que soy y que no terminara haciendo algo yo que no suelo hacer (como actuar, por ejemplo), y con el pleno impulso de ellos, me lancé a esta locura.

 

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 ¿Hubo algún tipo de dirección escénica? ¿Cómo fue el montaje de la puta obra?

 
Yo diría que tuvo el respaldo pleno de Montero. Yo trataba de que Nicolás estuviera y de que él me diera opiniones. Tenía claro, más o menos, cómo podría ser el asunto: quería hacer la conferencia que solía hacer, basada en un texto escrito, que es lo que a mí me da seguridad. Lo que yo hago al fin de cuentas es escribir: es lo que me gusta hacer y es a lo que me dediqué desde un comienzo. Todas esas traducciones a otros lenguajes parten de la escritura: esos videos son totalmente libreteados, y yo me voy aprendiendo línea por línea porque lo que yo hago es un guion. No es que improvise; no me siento bueno improvisando.

 
Aquí en la obra sucede lo mismo: para mí era fundamental que yo pudiera escribir totalmente el libreto y que no se viera forzado leerlo. Yo no sabía si había que poner teleprónter o si me tenía que aprender todo de memoria, y Nicolás me decía: “Mire, usted tiene que ser usted; siéntase cómodo: si tiene que leer, lea tranquilo. ¿Dónde dice que no hay que leer? ¿Dónde está el manual de lo que se tiene que hacer o no se tiene que hacer? Hágale, a ver qué pasa”. Y entonces la obra finalmente es algo muy periodístico, porque es una conferencia leída, que en últimas lo que hace es comentar un archivo fotográfico y de video que a lo largo de muchos años he venido acumulando. 

Daniel Samper Ospina
Fotografía de Carlos Corzo 
 

 

¿Cómo influye esta revisión del archivo fotográfico a la creación de memoria en este momento en el país?
 
Yo creo que mucho, es muy bueno. Aquí tenemos una memoria muy de corto plazo, entre otras cosas para poder sobrevivir a esa lluvia de información que arrecia cada semana. Aquí cada noticia hace que uno olvide la anterior, y esta es una manera de recordar lo que ha sucedido en la historia reciente de Colombia, desde Uribe hasta hoy… y eso ayuda mucho porque a la gente se le olvida mucho lo que ha pasado en Colombia. Esa amnesia colectiva es la razón por la cual Álvaro Uribe, por ejemplo, puede seguir siendo un líder con tanta aceptación.

 

¿Qué otro papel está cumpliendo la sátira política ahora en Colombia?


Cumple un papel de desahogo. Cumple un papel de una fiscalización: ya que no hay mayor justicia en Colombia, uno puede otorgarle a su clase dirigente algún tipo de sanción social. Creo que en esta conferencia la risa es una manera de castigo, de castigar a esos individuos, y eso hace que uno se sienta más liviano.

 
El siglo pasado tenía este paradigma de que el gran periodismo era el periodismo que contaba historias… ¿qué está pasando con este paradigma ahora?


El cambio de formato no cambia el interés humano en oír historias, cambia la forma en que uno se acerca a las historias, pero un guion para un video es una historia finalmente. Lo que yo creo que hay es una gran oportunidad de reinvención, de que todo ese periodismo literario también encuentre una manera de vivir en internet.


La columna es un formato muy solitario, porque escribir es un ejercicio muy solitario, muy resguardado: yo me sentaba en mi escritorio, todos los miércoles (todavía lo hago) y trataba de empujar una columna con los materiales de la actualidad que hubiera, y la pulía un poco el jueves y la remataba el viernes y se iba y listo, pero mis hijas pasaban y veían a un señor escribiendo en un escritorio. El formato de YouTube evidentemente exige que uno se vuelva un poco más activo, más actor, que tenga que salir al mundo, que se tenga que meter en una marcha contra la corrupción… digamos que es un formato que tiene más acción para la persona que lo ejerce; entonces mis hijas me veían escribir un guion rápidamente, pero después ya me veían con pelucas, saltando en su saltarín, me veían haciendo el ridículo, autodestruyendo el poco prestigio que habría podido tener como periodista tradicional. Esos videos dan mucha popularidad, que eso a mí me impresiona mucho, la columna no. La columna tiene un alcance muy limitado, tiene mucha influencia más hacia lo hondo que hacia lo ancho; en cambio los videos son plenamente hacia lo ancho. Eso es muy divertido: ver que esa cosa se populariza, que a uno lo paran en la calle, le piden fotos, que uno se vuelve súbitamente Amparo Grisales. Me gusta que el mensaje político este calando, ese mensaje de crítica política, porque son chinos de 14 años a 17 años que empiezan a ver los asuntos políticos. A través de ese payaseo, con esa carnada, llegan a estos temas.


Este otro formato, el de la obra de teatro, es muy extraño, porque es un formato en vivo, de conversación directa con un auditorio que respira, latente, en el que, por primera vez, como escritor, uno oye la risa. Antes la risa era muy mental… aun la de los videos, porque uno iba diciendo el guion, y tenía sentido ya viéndolo editado. Pero aquí uno sí está probando plenamente el material y lo más extraño que me ha parecido es oír la risa: la risa para mí antes era una abstracción, un asunto mental. Aquí… pues no: saber que un chiste dura más que otro, las extensiones de la risa, los tipos de risa, la carcajada versus la risa más de paso… todas esas modalidades extrañas de la risa, esa anatomía de la risa, que uno termina haciendo aquí frente a 350 personas.

 

 

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Mi puta obra estará en temporada hasta el 14 de junio en el Teatro Nacional Fanny Mickey. Para más información, puede seguir este enlace. 

@marevalo53
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