ElLibrero
Escrito por : Juan Camilo Roa

 Novela. Juan Camilo Roa habló con Mauricio Arévalo Arbeláez sobre "¿Alguna vez jugaste a las escondidas?", su primera novela, publicada por Mo ediciones gracias a la Beca para la publicación de libros de autores colombianos del Ministerio de Cultura. 

 
 Escondidas    

 

Ilustración de Manuela Fajardo  

 

Mauricio, en su novela, a Juan Silva, el protagonista, su abuelo le dice que la muerte es musical. También hay partes donde se describen los redoblantes previos a la muerte y se dice que el sonido de la muerte es Bedshaped de Keane. ¿Por qué Keane para hablar de la muerte? ¿Por qué esa canción en particular?


La música es, para mí, la experiencia estética más misteriosa de todas. Me encanta, pero no la entiendo. Además, es omnipresente en mi vida. No hago nada sin música. Cuando camino, cuando trabajo, cuando escribo y cuando leo, la música está ahí. Sin audífonos me siento desnudo. De alguna manera, ese misterio y esa omnipresencia me hacen relacionarla con la muerte. A la muerte tampoco la entiendo, pero la siento en todos lados… La comparación estaba ahí muy evidente y me urgía de alguna manera hacerla explícita en la narración. En cuanto a Keane… llegué al álbum “Hopes and Fears” en el 2004, al mismo tiempo que estaba naciendo la idea original de la novela. De alguna manera, escucharlo era para mí una forma de entender mi mundo, que para ese entonces comenzaba a cambiar drásticamente. Juan, como todos mis personajes, es una extensión mía, de mis inquietudes, mis formas de ser, mis maneras de ver e interpretar el mundo… y quería que Keane hiciera parte de su vida como lo hacía de la mía. En realidad, la música de Keane ambienta la novela como una banda sonora. Me imagino unos momentos solo con algunas de sus canciones de fondo: Sunshine, We Might as Well be Strangers, On a Day Like Today, She Has no Time, Can’t Stop… y, bueno, escogí Bedshaped porque, si traducimos la palabra literalmente, significa encamado, “con forma de cama”, lo que me daba a mí una imagen muy clara y, por qué no decirlo, muy bonita, de la muerte: la del hombre encamado.

 

 

 


Me parece que hay dos ideas de la muerte que usted explora en ¿Alguna vez jugaste a las escondidas? Una que privilegia conceptos como la carne o la materia, según la cual el cuerpo fallece y luego no queda nada: ni música, ni redención, ni cielo. Y quizás también esté la idea de la muerte como un paréntesis o un punto seguido, donde el transcurso del tiempo varía pero queda la posibilidad de algo más, de un contenido suspendido, quizás, en la memoria. ¿Es esa la misma diferencia entre la muerte para quien decide suicidarse y la muerte para sus familiares y amigos?

 
Estoy seguro de que las imágenes de la muerte que la novela explora no son las únicas imágenes de la muerte que ha explorado la literatura. Si hay un tema que obsesiona a la literatura es precisamente ese… esas dos imágenes hacen parte de cómo Paula y Juan entienden a la muerte. Paula, médica de profesión, está más en contacto con su corporalidad; quizá, por ello, concibe la muerte como algo meramente material. Juan, que es un poeta disfrazado de abogado, tiene otra relación, una quizá un poco más romántica. Para Juan, la muerte es una forma de marcar la memoria, de perpetuarse en el tiempo, de alcanzar la inmortalidad…. Sea como sea, sea cual sea la imagen que tengas, hay algo fijo con la muerte: el duelo, la partida, la pérdida. El dolor de quien despide y la nostalgia del que se despide. La ausencia para quien se queda y la incertidumbre de quien se va. La despedida y la muerte son de las experiencias más complejas… de esas que no terminamos de entender porque nadie que ha muerto puede volver a contarnos.


Juan Silva cree que se enamora y eso, de alguna manera, lo lleva a querer morirse. ¿No hay algo de locura o de inocencia en esa historia de amor?

 
Hay algo de inocencia y de locura. Lo que pasa es que a Juan no le importa… o quizá no se da cuenta.


Antes me dijo que Juan es un poeta disfrazado de abogado. ¿Cree que a Juan le importa el amor como le importa a los poetas?


Creo que Juan se enamora de un ideal, de una ficción. Y quiere proteger esa ficción de todo lo que pueda transformarla, incluso de él mismo. Como con Dulcinea, a Juan le parece más emocionante la mujer que ha construido en su cabeza y, de alguna manera, no quiere comprobar si la mujer que imagina corresponde con la mujer real. No quiere correr el riesgo de que no sea así. Por eso se queda con su Sofía, la que ha creado, la que ha inmortalizado su memoria. Se podría decir que Juan es un héroe romántico, respecto a este tema, y a muchos en realidad. 

 

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Diseño de portada de Manuela Fajardo para Mo Ediciones  

 

Usted recurre a la metáfora de jugar a las escondidas para hablar sobre la muerte. Yo tuve la sensación de que Juan busca la muerte, en parte, porque su padre hace de su propia muerte un juego donde la ausencia se esconde para dar lugar al anhelo de un imposible: volver a la vida. ¿De quién se está escondiendo Juan Silva?


El juego de las escondidas es una metáfora que me permitía abordar el tema de la muerte y la infancia: ¿cómo le explicas a un niño lo que es la muerte? Y no hablo de un eufemismo; no se trata de “suavizar” una realidad. Hablo de una imagen que le ayude a un niño a comprender realmente lo que ha sucedido: por qué alguien en un momento está y luego ya no está. Ahora… no sé de qué o de quién se esconde Juan. Juan se esconde de mí también. Como todos los personajes. Quería narrar desde ese yo tan íntimo para poder mostrar cómo los personajes actúan, se esconden los unos de los otros, cómo se camuflan detrás del lenguaje y se esconden en sus discursos… cómo juegan a las escondidas entre ellos, diariamente, minuto a minuto. Lo bonito del juego de las escondidas es que, a pesar de que se ocultan, la gracia del juego es encontrarse… y eso me resulta curioso de los personajes de la novela: se esconden pero, al mismo tiempo, sienten una necesidad intensa de ser encontrados.


En su novela, usted señala la paradoja de darle sentido a la vida con la muerte. Pero la muerte le da sentido a la vida en ese ámbito inmaterial en el que Juan se siente cómodo. Como un mero concepto y una realidad inevitable. ¿Para qué, entonces, acelerar lo inevitable?


Juan siente que el presente se le va y que su mutabilidad podría ser estorbo para lo que persigue. No adelanto más… tal vez Juan mismo se explique en la novela.


Usted le da una gran importancia a la relación entre Roberto, el psiquiatra, y Juan. Él lo culpa de leer entre líneas los sentimientos de otros, como un ejercicio distante y calculador. ¿Usted qué opina de la terapia? ¿y de la terapia para un suicida?


La gran terapia, como lo diría mi querido amigo Jorge Carrión, es la conversación. Tal vez por eso la imaginé como un diálogo teatral. La terapia es hablar y ser escuchado. No soy psiquiatra y el tema del suicidio es sensible, por lo que, creo, requiere de mucha responsabilidad a la hora de abordarlo. Yo hablo del intento de suicidio de Juan, hablo de ese caso en específico… pero soy muy respetuoso con las realidades, particularidades y emociones de cada historia que hay detrás de un intento de suicidio. Lo que me es claro, sin embargo, es que frente a la realidad de la muerte (incluso la muerte decidida) nos mostramos limitados. Y eso, en últimas, es lo que pasa a la familia de Juan e, incluso, a Juan mismo.


Esa inclusión de la obra de teatro dentro de la novela pareciera tener que ver con la sugerencia de que el paciente asume un personaje cuando habla con un terapeuta y al contrario. ¿No es así? Sin embargo, hay partes donde parece que el terapeuta y el paciente se desenmascaran y logran una verdadera comunicación. ¿O será que es ahí cuando el teatro es más convincente, más verosímil, pese a ser ficción?


Creo que te puedo contestar esa pregunta haciendo alusión a la historia del Quijote: hay ficciones que son realidades… o tal vez, la realidad no es más que una ficción muy verosímil. El mundo es un teatro y, nosotros, los personajes que actuamos en este escenario. Lo imaginó así Shakespeare. Lo imaginó así Calderón de la Barca. Lo imaginó así también Mishima. Creo que así lo imaginan también Juan y el psiquiatra. Se desenmascaran o no… no sé. No estoy seguro de que Juan o Roberto crean que en sus seres haya algo más que una ficción; no creo que ellos tengan una esencia. Por lo menos, no para Juan. Son personajes teatrales y juegan en el escenario a ver cuál ha creado el personaje más creíble. Es todo.


Me parece que ¿Alguna vez jugaste a las escondidas? es cercana al teatro incluso en los capítulos narrados a partir de monólogos interiores. Si le dieran la oportunidad, ¿le gustaría hacer una adaptación de su novela para las tablas?


Por supuesto. Es una idea que me está rondando en mi cabeza desde hace rato. La cosa está en que hacer teatro es muy diferente a escribir. El teatro es una labor de equipo, la escritura (al menos para la poesía y la narrativa) es solitaria. Por ahora, hay una escena que es “abiertamente” teatral que fue representada en el lanzamiento por la Compañía Nacional de las Artes. Eso me tenía muy nervioso. Al verla en escena me di cuenta qué tan novela y qué tan teatro resultó el experimento. Hay que esperar a ver qué dice el público. 

 

 EscondidasLanzamiento    

 

Nicolás Ibáñez, interpretando a Juan Silva, y Nelson Celis, a Roberto, el psiquiatra. 

Fotografía de David Jáuregui Sarmiento

 

 

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