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Escrito por : Mauricio Arévalo Arbeláez

 María Gómez Lara, la poeta colombiana que ganó el XXVII Premio Loewe a la Creación Joven, conversó con nuestro director artífice sobre "Contratono", su poemario que presentará este martes en la Biblioteca de Los Fundadores del Gimnasio Moderno.

 

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 María Gómez Lara por Mauricio Arévalo A.

 

El Premio que te otorgaron por Contratono es el Premio Loewe a la Creación Joven. En la presentación de tu poemario, Ida Vitale también hace énfasis en tu juventud. ¿Crees que se puede hablar de este adjetivo en la poesía?

 
No sé. Esta idea la vengo pensando últimamente, porque me la han preguntado mucho y porque, efectivamente, sí es un premio para menores de treinta años. Claro, ahora tengo veinticinco, me dieron el premio a los veinticuatro y el libro lo escribí a los veintidós: sí estoy joven. Pero el asunto de la edad es relativo y tiene mucho que ver con tu propia experiencia, con tu carácter, con cuáles son las expectativas que se tienen de alguien de cierta edad; como si alguien joven tuviera que escribir de cierta manera y alguien viejo, de otra. Eso lo que hace es quitarle valor al trabajo mismo: lo más importante es la obra que uno puede producir, y para mí lo importante es oírle la voz a la obra... saber cuál es la voz que hay detrás de esos poemas, que me está buscando y que yo quiero encontrar también. Y eso no tiene que ver con la edad que tengo yo, sino la edad que tiene esa voz que quiero encontrar en ese libro.


Escribes tu poemario, de alguna manera, en medio del exilio. ¿Cómo influyó esto en tu creación?

 
A mí me preocupan mucho los movimientos porque siempre estoy moviéndome. Me preocupa la materialidad en muchos sentidos: la materialidad del cuerpo, la fragilidad... pero también lo aparatoso de la vida, lo difícil que es cargar cosas de aquí para allá: ¡mover los libros, mover los afectos, mover el lugar donde uno se siente en casa! He ido aprendiendo que ese lugar donde estoy en casa es la poesía. Me interesa ese movimiento en el lenguaje: ¿cómo puedes escribir en un lenguaje que no dé nada por sentado, desde un lenguaje que no eche raíces — o que eche unas raíces volátiles—?; me interesa también la posición de alguien que está afuera, desde cualquier nivel: alguien que está fuera físicamente, o metafóricamente, o alguien que es marginado por cualquier razón, o alguien que no entiende muy bien su lugar y de pronto eso le genera una revelación. Piensa en una persona que no conoce el frío y de repente se encuentra en el peor invierno: ¿qué va a entender esa persona sobre el mundo, sobre sí mismo, sobre la condición humana?; o en alguien que es extranjero en el lenguaje: cuando uno vive en un sitio en que se habla una lengua que no es la de uno. Por más que lo hayas aprendido muy bien, ahí eres consciente de las palabras todo el tiempo... porque estás diciendo una cosa y de repente hay una barrera enorme entre lo que sientes y entre lo que estás queriendo expresar. Eso pasa también cuando hablamos nuestra lengua materna, pero no lo sabemos o no somos conscientes de ello. A mí me interesa muchísimo esa barrera porque siento que ahí está la poesía. Mis palabras siempre van a ser limitadas y siempre se van a caer al suelo, como dice un poema de Juarroz. ¿Qué hago yo con esas palabras caídas? ¿Dónde las pongo?


La palabra surge, se exalta, se resalta en tus poemas como una forma de salvación...


Ese es el punto clave de mi poemario. El libro está estructurado como un proceso: la primera parte se llama No de sombras y son poemas que están escritos desde la negación, tanto en los estructural como en lo vital; el libro parte desde una pérdida. Al final, la segunda parte es sobre cómo, a partir del lenguaje, se va lidiando con esa pérdida. El poemario parte desde la fragilidad, la precariedad absoluta en la que todos vivimos. Todos somos precarios de distintas formas, porque somos materiales, porque nos podemos romper, porque nos podemos caer, porque podemos sufrir, porque podemos perder cosas y gente, porque de repente nuestra vida está como en un equilibrio de acróbata... y tú no sabes en qué momento se pierde. En esa precariedad está también lo maravilloso de la vida: de esa fragilidad también sale la fuerza. A mí me interesaba mucho cómo la precariedad se va convirtiendo en fuerza, no por dejar de ser frágil sino por buscar una palabra que te salve. En cualquier momento me caigo, en cualquier momento me quiebro, pero tengo la palabra, y la palabra es como una red de rescate.


Es común en tus poemas encontrar versos de otros poetas. De hecho, abres tu poemario con unas líneas de Blanca Varela en las que se lee "copio estas líneas ajenas". ¿Qué tan tuyas y qué tan ajenas son las palabras en Contratono?

 
Justamente escogí ese epígrafe para todo el poemario porque el libro sí tiene una particularidad y es que tiene muchos poemas con epígrafes, algo que pensé desde la estructura. Por eso el título es Contratono: estaba pensando en un tono que responde, como en un sonido, una voz, que tienen que ver algo con otra voz que viene de otro lado, pero al final va encontrando su sitio. Ese verso de Varela, de un poema que se llama A media voz, es sobre el proceso de escribir un poema, sobretodo de cómo el poema se va alejando y de cómo el poema nunca llega. ¡Nunca llegas al poema pero ahí está! Me pareció que este epígrafe funcionaba muy bien para la idea de que estoy copiando líneas ajenas porque lo que más me gusta en la vida es la poesía, no solo para escribir, sino también para vivir. Tiene sentido que yo incluyera poemas que yo quisiera seguir escribiendo, poemas a los que quisiera contestarles. Uno puede trazar un camino para empezar a encontrar su voz en la voz de la gente que lo conmueve: ¿por qué esta voz me habla a mí? ¿qué me dice esto sobre mi propia voz? Claro, los epígrafes son de gente que me gusta, desde Garcilaso hasta Rosella Di Paolo, una poeta peruana. Mi criterio era, sobretodo, una voz que me conmoviera, que me despertara, que hiciera que la lógica de la poesía me llegara. La lógica de la poesía es distinta a la de la vida, lo que pasa es que conviven; y uno cambia entre una y otra, o a veces vive en las dos, si de repente se abre la lógica de la poesía ¡pum, tienes que escribir! Y eso fue lo que me pasó al leer estos poemas. Eso no quiere decir que mis poemas se parezcan a los poemas del epígrafe... No tiene que ser una estética como la tuya... tiene que ser algo que te haga oír tu propia voz. Porque la voz está ahí, pero está silente: y de repente algo le sube el volumen.

 

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 María Gómez Lara habla con nuestro director artífice. Fotografía de Mauricio Arévalo A.

 

Además, el Contratono sugiere algo musical, como a algo que está sonando que tiene eco...

 
Eso también es porque la música es fundamental en la poesía. Una de las grandes diferencias entre poesía y prosa es la música. No porque la prosa no la tenga (tiene muchísima... la prosa buena tiene ritmo), sino porque en la poesía está en el primerísimo plano. Lo fundamental del poema es esa palabra, y cómo suena esa palabra, y por qué es esa palabra y no otra. Muchas veces el efecto del poema no es necesariamente el sentido, sino la música. Cuando escribo, leo los poemas en voz alta, muchas veces, hasta estar segura de que me suena la música bien... es una forma de cantar, y de comunicar con eso que estás cantando. Escribo en verso libre porque me gusta mucho su música: cada poema puede traer su propia música. Hay poemas con versos larguísimos, una cosa muy vertiginosa; y hay otros con versos más cortos... porque al final el poema me estaba pidiendo ese ritmo. Hay poemas que piden ser rápidos e histéricos y hay poemas que piden ser lentos y calmados... y eso tiene que ver con cómo dispongo las palabras y también con el sonido de las palabras que voy escogiendo para que la palabra logre ser fiel a su música.


En Contratono la sensibilidad se hace materia. Se hace piel, manchas... heridas. Pareciera que pesa, que duele. Como si sentir tanto fuera una maldición.


A veces sabemos quiénes somos por nuestras heridas. Nuestras heridas nos recuerdan que estamos vivos. Como en ese poema de Tener cuerpo: uno recuerda que tiene cuerpo porque la piel le estalla. Las heridas del cuerpo resuenan en las heridas de la vida. Las imágenes del cuerpo tienen una concreción, una realidad, una materialidad que me parece muy sugerente sobre otro tipo de heridas. A veces el lenguaje que usamos normalmente para hablar de esas heridas es muy abstracto. Por ejemplo... la tristeza. ¡Hay muchos tipos de tristeza! ¿Cómo decir que estas triste para que sea tu tristeza? ¿Cómo nombrar el momento particular de tu tristeza? A mí me resulta muy sugerente verla como herida: ¿cómo es esa herida? ¿cómo duele esa herida? Poco a poco la tristeza va llegando a su particularidad.


Hay un poema, que se llama Preocupaciones, que tiene un origen curioso: estaba llenando las solicitudes del doctorado y ahí hacen énfasis en el área de investigación, lo que a uno le interesa, lo que a uno le preocupa. Yo escribí ese poema en respuesta a esa pregunta que me habían hecho muchas veces: me preocupa la materia, la poesía que se arma a pedacitos, esa poesía que tiene mucha piel, una piel que tiene muchas cicatrices. La marca física de una cicatriz te va recordando el dolor que has vivido pero también te recuerda cómo puedes sobreponerte a ese dolor.


Hablas del vestigio, de lo que se va pero que algo deja. ¿Qué es lo que te queda a ti después de todas estas partidas?

 
La palabra, claro. La imagen de la ruina me interesa, al igual que la de las cenizas. Las cenizas que quedan después del fuego, como el resto de incendio, lo que sobra. Y eso es porque me interesa ver cómo uno puede rearmarse con cenizas, cómo construirse desde las cenizas. Cuando cualquier persona ha pasado por una pérdida muy grande, lo único que queda son las cenizas, las ruinas. ¿Qué hace entonces con eso? Lo que yo hago es convertir esas ruinas en palabras, pero cada uno tiene su manera de construir con sus ruinas.


Noto en Destiempo y en Preocupaciones un Ars Poética, una preocupación de la creadora por su creación. ¿Tiene María un Ars Poética?


Lo que a mí más me obsesiona en la vida es la poética. Si alguna vez escribo una tesis de doctorado será sobre eso. Yo miro la poesía con ojos de chismosa; siempre me pregunto: "¿cómo hizo esta persona esto?". Como cuando estás tratando de mirar una máquina que funciona perfectamente y tú te preguntas cómo es que el engranaje gira así. Me encantan los poemas sobre poemas. Me cuesta mucho escribirlos. Escribí dos en el libro, y quisiera escribir más pero el Ars Poética es tan fundamental que no sé si yo la tengo en este momento. Tengo muchas preocupaciones, sí. Estos dos poemas podrían ser dos caras de una misma poética: la idea de la materialidad, que está en Preocupaciones, y la idea de los límites de la palabra, que está en Destiempo. Es lo primero que siento al escribir poesía. Y en vez de reducir la distancia entre el poema que quiero hacer y el poema que tengo, me interesa estar ahí en la mitad.


En Preocupaciones terminas entregándote a la inutilidad de la escritura...


Hay un poema de Salinas que dice que después del poema, después de todas las noches en vela y de todos los afanes, al final todo es más claro... y a mí me parece que sí es así. Cuando yo termino un poema, es el momento más feliz de mi vida. Y eso no es porque yo crea que logré el poema, sino porque es lo que le da sentido a mi trabajo. Es lo que me dice que tal vez pueda escribir otro poema. No tomo los límites que tiene la escritura ni los que tiene la vida ¡Porque es que todos nos estrellamos! En vez de verlo como un fracaso... se puede ver como que eso es la vida. Y con eso es que podemos crear.


Hay un profundo conocimiento de una tradición poética. ¿Cómo dialoga Contratono con esa tradición?

 
Antes que escritora soy lectora. Mi trabajo es leer. ¿Qué hacer con esos maestros que han escrito esas cosas maravillosas desde el Siglo de Oro hasta hoy? Porque es que Garcilaso ya fue... Alguna vez, le hice esa pregunta a Rosella Di Paolo, y resulta que ella dialoga con la tradición de una forma muy chistosa, porque tiene muchísimo sentido del humor: "es que para mí la gente de la tradición es como amiga mía, porque yo la cargo en mi mochila todo el día". Lo que uno puede hacer con la tradición es apropiársela a su manera. No se trata de decir "voy a escribir como...", sino entender que los poetas de la tradición hacen parte de tu experiencia vital. Yo vivo al leer un poema: descubrir un poema puede ser lo mejor que me pase en el día. Yo quiero tener a esos poetas como amigos: darme cuenta de que esa persona en otro siglo, en otro lugar, se logró conectar con esa cosa que yo llevaba toda la vida tratando de decir, y no había podido; que ahí estaba en ese poema de Garcilaso que escribió hace no sé cuántos siglos. Se trata de eso: de los distintos niveles de comunicación que tiene la poesía (la música, la emoción, el sentido).

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María Gómez Lara presentará su poemario Contratono, en compañía de Piedad Bonnett y Darío Jaramillo Agudelo, mañana 28 de julio en la Biblioteca de Los Fundadores del Gimnasio Moderno a las 7 PM. Para más información, puede consultar este enlace.   

 

@marevalo53
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buena entrevista, muy real y profunda.....

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