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Escrito por : Juan Afanador

 

Todos tienen una forma de acercar el agua cada mañana
y decir
a pesar de todo hay un hilo que me une a la tierra
soy humano y tengo sed
o soy humano
y requiero de la higiene elemental
para volver a presentarme
y ser persona entre los míos.

Todos trabajan su privada ceremonia
a lo largo de la vida.
Unos la pulen hasta el rigor de la aritmética
otros dejan solamente
el líquido correr.
Yo tengo la mía
Aquí está.

Inicia con la toalla,
un pedazo de tela humilde.
La cuelgo sobre un aro de metal, como una bandera
una señal que indica
todo ha comenzado
            hay algo
            vigilando
haciendo guardia
mientras ocurren los sucesos.

Sigue con la ropa.
Las manos se deshacen de sus tiras
con un par, una terna
de movimientos disciplinados
que no requieren aprendizaje:
la piel conoce
el camino de subida
cómo volver a ser visible
a pesar de la ceguera.

Preparo de este modo
el cuerpo para el agua
que solo recibe desvestimiento
ningún adorno
ningún pigmento
más que el propio carozo vulnerable.
Y el espejo
es un peldaño previo al agua
un charco a punto de endurecerse
que me enseña lo que soy
un nudo una terca raíz.

Antes del líquido
va el sonido que escala

abro la llave caliente
y agrego el chorro de agua fría
como mezclando dos colores
             y me agazapo bajo el riego
que cae
se despeña
sobre mi nudo sembrado,

una pepita, una roca paciente.

Y ante la lengua pálida del jabón
confirmo que mi cuerpo es un lugar
             una extensión
que se recorre.
La piel existe y es planicie
es monte y hendidura submarina.

Llego a las uñas
con sospecha arqueológica
y un recuerdo:
aún soy mineral
aún le peso a la tierra.

Atravieso siempre
de la misma forma las esquinas ignoradas
los otros lugares
los reversos que también cargo sobre mí.
¿Cómo es posible tanta torpeza,
no conocerse por completo?

En el recinto geométrico de la ducha
en su paréntesis
mi cuerpo se encuentra con mi cuerpo
se inclina
sobre sí
y el vapor y la espuma son un motivo para mirarse.
Bañarse es seguir un orden
obedecer una manera inmemorial
de acercar el barro al barro
a través del agua.
Y de ese movimiento
tan primero
a veces brotan imprecisos pensamientos
una idea termal
que soluciona algún enigma
del mundo afuera.

El final llega
con el tiempo siempre a picotazos,
que no dejan disfrutar las pausas
los placeres lentos.

Cierro la llave
y el frío del mundo me recibe
con su textura
como saliendo de un sueño.
Me aprieto a la toalla que espera,
ya no es bandera sino tronco,
y floto a la deriva por instantes
sobre la imagen
aún temblorosa del espejo.

Tomo la ropa arrumada en una esquina
y me visto
de nuevo decido
hacerme un poco invisible

pero está bien
—la piel conoce,
la piel regresa tranquilamente
a sus pasajes subterráneos.

Afanador2 .

 
 

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Juan Afanador es co-director de la revista virtual de poesía Otro páramo - @Otroparamo

 

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